Kilómetros acumulados en el tiempo: el transporte turístico en México

El transporte terrestre turístico tiene una rica historia en nuestro país, donde ha sido fundamental para la industria

Paso a paso, sobre veredas, brechas y caminos, el autotransporte en América se forjó hasta definir lo que hoy conocemos como las principales vías de comunicación del continente. A través de los “tamemeh” en el Anáhuac o los “chaski” en el Tahuantinsuyo, los pies fueron el primer motor que impulsó el desplazamiento de personas y mercancías previo a la llegada de los colonizadores europeos.

Con ellos llegarían animales de carga como caballos, burros y mulas. De Europa se importaron los tradicionales vehículos tirados por estas bestias, más de este lado del océano se desarrollarían alternativas encaminadas a atender el transporte en un territorio tan vasto y accidentado como la entonces Nueva España.

El virrey Juan Vicente de Güemes, Conde de Revillagigedo, y el coronel Manuel Antonio Valdés, impresor del Gobierno y autor de la Gaceta, se convirtieron a finales del siglo XVIII en los primeros impulsores del transporte terrestre de pasajeros. El primero ordenó la construcción de una amplia red de caminos, mientras que el segundo le propuso establecer una casa de alquiler de coches y cupés y obtuvo por decreto este privilegio exclusivo.

Para el siglo XIX hicieron su irrupción los ómnibus y guayines, así como las primeras empresas dedicadas a los viajes a otras ciudades, tras seguir el ejemplo de Stanislav Braudy, quien en 1828 fundó la primera compañía de transporte público: Enterprise Générales des Omnibus, un sistema  de carrozas largas movilizadas por caballos. En nuestro país, a través de las diligencias, familias visionarias como los Escandón conectaron a la capital del país con ciudades como Veracruz, Toluca, Morelia, Cuernavaca, Pachuca, Cuautla y Arroyo Zarco, entre otros puntos del Estado de México.

México no estuvo exento de las nuevas tecnologías. La irrupción de la máquina de vapor y el posterior desarrollo del ferrocarril y el tranvía durante la segunda mitad del siglo XIX significaron el parteaguas entre un transporte colectivo y uno masivo, algo impensable con las diligencias. No obstante, el primer autobús motorizado sería desarrollado en Europa hasta 1895 por el alemán Karl Benz.

Tras el vendaval ocasionado por la Revolución Mexicana, es hasta la segunda década del siglo XX que el país se preparó para la modernización de las vías de comunicación y los sistemas de transporte. Sin imaginar la magnitud de iniciativa, el entonces presidente Plutarco Elías Calles impulsó la gran obra caminera en México, tras rescindir los convenios de construcción de carreteras con una empresa extranjera y delegarlas en su totalidad a técnicos mexicanos, en 1926. Ese mismo año se inauguró la carretera a Puebla.

La consolidación de la industria turística

Fue en la primera mitad del siglo XX cuando comenzaron a establecerse rutas con horarios fijos dentro del autotransporte de pasajeros. Vehículos con capacidades mínimas –el primer autobús diseñado por Benz sólo podía desplazar ocho personas–, sin compartimentos de equipaje o con el techo adaptado para que pudiera trasladar también mercancías, con operadores que hacían de cobradores, mecánicos, maleteros y administradores a la vez; muchas empresas así comenzaron.

En 1946, el entonces presidente Miguel Alemán Valdés vio en el turismo la oportunidad de financiamiento para el desarrollo del país y creó la Comisión Nacional de Turismo. Para su fomento tomó en cuenta cuatro áreas de oportunidad: comunicaciones y transportes, alojamiento, atractivos turísticos y capacitación. Considerado el gran impulsor de esta actividad, su propósito fue proyectar, a los ojos del mundo, una nueva imagen del México contemporáneo, luego de años de inestabilidad social, económica y política. Durante su administración se crearon los primeros centros turísticos del país: Acapulco, Manzanillo, Mazatlán, Puerto Vallarta, Cabo San Lucas, Cozumel, Isla Mujeres, Veracruz, Mérida, Guadalajara y la Ciudad de México.

El puerto de Acapulco sobresale como uno de los centros turísticos por excelencia desde hace casi dos siglos, pues de acuerdo con registros oficiales, desde 1830 las familias acaudaladas de México y Estados Unidos hicieron de este punto su lugar de descanso, abrazados por su bahía y protegidos ante la imponencia de la Sierra Madre Occidental, gracias a su fácil acceso y el bajo precio de los terrenos. A partir de la segunda mitad del siglo XX, el flujo internacional de turistas se incrementó, proveniente de la Unión Americana y Canadá, tendencia que se mantiene hasta la fecha.

Turismo, baluarte de la economía nacional

Hoy, el turismo ocupa un lugar preponderante al aportar el 8.9 por ciento de la economía nacional, junto con las remesas, las exportaciones de petróleo y la manufactura; además, genera alrededor de 9 millones de empleos. Tan sólo el año pasado, el ingreso de divisas por los visitantes creció a un máximo histórico de 19 mil 571 millones de dólares (mdd), un 10.4 por ciento más que los 17 mil 734 mdd obtenidos en 2015.

Actualmente, el turismo es una gran área de oportunidad para diversas industrias, entre ellas la del autotransporte de pasaje. La promoción realizada por el gobierno federal –sobre todo a nivel internacional– ha incrementado la derrama económica provocada por el turismo receptivo –turistas extranjeros que visitan México– y nacional, para quien el autobús es un eslabón muy importante para su movilización por tierra.

En cuanto a la intención de destino de los viajeros mexicanos durante 2016, un 63.8 por ciento fue nacional; mientras que un 12.6 por ciento optó por destinos internacionales y el 23.6 por ciento restante eligió ambos. Se especula que ante el encarecimiento de viajar al extranjero, la gente busca más viajar en México. Además, el “abaratamiento” de nuestro país como destino turístico ha derivado en un incremento el turismo extranjero, traducido en un aumento del 9 por ciento en el flujo de visitantes internacionales, con un récord de 35.9 millones de viajeros, de acuerdo con la Secretaría de Turismo (SECTUR).

De norte a sur en autobús

El autobús ha sido el medio de transporte por excelencia para el turismo dadas las condiciones geográficas de la República Mexicana: desde carreteras costeras que permiten admirar la costa del Pacífico en todo su esplendor, hasta las accidentadas curvas que serpentean los sistemas montañosos del país llevando encima un sinfín de “Pueblos Mágicos”. Durante muchos años, la empresa Viajes Mexicorama fue el referente en cuanto a transporte exclusivo de turismo se refiere, y desde entonces, el segmento ha tenido la necesidad de soluciones cada vez más específicas para cumplir con su función.

Hoy, el autotransporte turístico busca de tener una mayor representatividad; entonces nació, en 2011, la Alianza Nacional de Transportadoras Turísticas (ANTT), conformada hasta ahora por 47 empresas y presidida por Rubén Domínguez Velázquez, quien pertenece a la tercera generación de una familia de transportistas. Su abuelo inició abriendo caminos, los cuales su padre también recorrió como transportista de servicio regular. Junto con su hermano, desde pequeño tuvo la inquietud de hacer servicios de turismo, aunado a la fascinación de ambos por viajar.

La ANTT tuvo como antecedente una asociación encabezada por don Manuel de Alba, cuyo gran logro fue que la SECTUR reconociera al transporte de turismo y otorgara placas específicas para este servicio. Aunque desde entonces muchas cosas se han ganado para el sector, la consigna de la ANTT es darle a la industria el lugar que merece, con pleno reconocimiento de las autoridades y una reglamentación específica.

¿Qué le hace falta al autotransporte turístico?

Contrario a lo que ocurre con el autotransporte de pasajeros, que cuenta con rutas y horarios específicos, así como terminales para ascenso y descenso de pasaje, talleres y encierros para su resguardo, mantenimiento y limpieza, el autotransporte exclusivo de turismo no posee esas ventajas debido a que, a diferencia de otros países, no existe una infraestructura aún.

Hoteles, aeropuertos, zonas arqueológicas y centros turísticos en general carecen de estos espacios, lo que acentúa la diferencia entre las necesidades de ambos servicios. De ahí la urgencia del establecimiento de paradores turísticos, en los cuales los vehículos, pero sobre todo los operadores, sean atendidos. Para Domínguez Velázquez este concepto aún está “muy verde” en nuestro país.

Cabe destacar que en el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, gracias a las gestiones de la ANTT, se contempla que haya un espacio donde los autobuses puedan hacer base mientras llegan los grupos de turistas, algo inexistente en varias terminales aéreas del país. No obstante, en el caso de los paradores, todavía no hay un acuerdo entre autoridades locales y transportistas en torno al grado de inversión de ambas partes.

Durante estos seis años, la Alianza ha trabajado en torno a una certificación exclusiva para el transportista de turismo. Se trata de un programa lanzado por la SECTUR en donde el gremio ha tenido la oportunidad de ser escuchado y aportar ideas en aras de cubrir sus necesidades para brindar un mejor servicio.

 

Calidad, punto común de los socios

En el imaginario colectivo este tipo de empresas están en una situación de clandestinidad, lo que les resta responsabilidades. Sin embargo, el presidente de la ANTT es muy claro al respecto: “Todas las empresas son legales, bien establecidas, cumplen con todos los requisitos de ley y están debidamente emplacados. Además tienen sus seguros, pagan sus impuestos y cuentan con una flota moderna. Toda empresa que quiera pertenecer a la ANTT debe pasar ese filtro y prestar un servicio de calidad”.

A la par de estos requerimientos para quienes pretendan incorporarse como socios, la Alianza está al pendiente de la seguridad vial por medio de cursos de capacitación en manejo seguro para sus operadores; a su vez, se llevan a cabo capacitaciones en torno a atención al cliente y cuestiones administrativas.

Respecto a los autobuses, Domínguez manifestó que han trabajado de manera cercana con las armadoras para concretar acuerdos que implican pólizas para mantenimiento preventivo y correctivo de las unidades en las agencias de las armadoras, así como la capacitación de sus mecánicos, atención en sus propios talleres o la presencia de técnicos especializados que atiendan sus vehículos.

La importancia de viajar

Reza un dicho que “Los viajes ilustran”. Sabiduría popular que también se ha convertido en una máxima de Rubén Domínguez, para quien el hecho de viajar, ya sea por diversión, distracción o cultura, es muy importante, porque siempre abre nuevas perspectivas. Incluso, no se necesita viajar al extranjero, porque “dentro de nuestro país hay muchísima cultura; viajar, además de que te relaja, te cambia la visión de todas las cosas”.

Asimismo, la diversificación del mercado, que cada día atiende a segmentos más específicos, representa la chance para que las empresas turísticas ofrezcan alternativas que, además de satisfacer a los clientes, aumenten la competitividad del sector. Turismo cultural, deportivo, gastronómico, de negocios, ecoturismo, entre otros, dan pie a rutas novedosas y circuitos turísticos dentro del mismo país que ya promueven muchas de las empresas que forman parte de la Alianza.

Preparados para cualquier evento

En total, la flota que conforman los integrantes de la ANTT alcanza alrededor de mil 500 vehículos, entre autobuses, automóviles, camionetas y minibuses. Sus capacidades varían, de 50 pasajeros en un autobús integral, a 70 en el caso de unidades de doble piso, mientras que las vanes dan muy buen resultado para grupos pequeños y recorridos cortos.

Ante las necesidades de los clientes, los transportistas también cuentan con autobuses más cortos en los que se pueden trasladar entre 25 y 36 pasajeros, ideales para ciudades de alta congestión vehicular o calles estrechas como los “Pueblos Mágicos”. Con esta flota, el presidente de la ANTT confía en brindar un servicio de calidad para cualquier tipo de convención o evento.

La Alianza está en búsqueda de proyección internacional, por lo que ya trabaja en la posibilidad de participar en la Feria Internacional de Turismo de Madrid, España, en enero de 2018, así como en la Vitrina Turística que se celebrará en marzo del mismo año en la ciudad de Bogotá, Colombia.

“Este tipo de negocios y servicios implica muchos sentimientos. Son temas a veces desgastantes, pero al final, si prestas un servicio, cualquiera que éste sea, es porque te apasiona. Si eres un prestador de servicios turísticos a nivel nacional, una de las principales cosas que debe apasionarte es este país”, concluye con orgullo el presidente de la ANTT.

 

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